En el mundo de la alta relojería, hay marcas que ven pasar el tiempo y otras que, simplemente, hacen música. Girard-Perregaux acaba de demostrar que pertenece al segundo grupo con el lanzamiento del nuevo Minute Repeater Flying Bridges. Presentado este 12 de marzo de 2026, este reloj no es solo una pieza de ingeniería, sino el tercer calibre de referencia que la Manufactura lanza en menos de seis meses.

Girard-Perregaux ha presentado oficialmente el Minute Repeater Flying Bridges, una obra maestra que marca una nueva era para los relojes de sonería de la marca. Este lanzamiento destaca por incluir el GP9530. El movimiento rinde homenaje a la repetición de minutos, una complicación emblemática para la firma desde la década de 1820. Este calibre calado, compuesto por 475 piezas, logra integrar de manera armónica una repetición de minutos, un tourbillon y un nuevo sistema de cuerda automática.

La creación de cada ejemplar representa un desafío técnico monumental, requiriendo aproximadamente 440 horas de meticuloso trabajo de montaje y decoración. Para alcanzar un rendimiento acústico superior, la Manufactura ha utilizado titanio en la fabricación de la platina y los puentes, aprovechando la rigidez y ligereza de este material para facilitar la propagación de las vibraciones sonoras.




Cada detalle ha sido diseñado para maximizar la pureza del sonido, lo que incluye el desplazamiento del regulador de golpes centrífugo a la parte trasera y la creación de los gongs y sus soportes a partir de una única pieza de metal para evitar interferencias. Además, el reloj cuenta con más de 1340 chaflanes pulidos a mano, permitiendo que la luz se convierta en un elemento esencial de su estética.
En cuanto a su diseño, el Minute Repeater Flying Bridges ofrece una interpretación moderna de la arquitectura de tres puentes, un símbolo icónico de Girard-Perregaux desde mediados del siglo XIX. La estructura es perfectamente simétrica, con el tercer puente ubicado en la parte trasera del movimiento y extremos en forma de flecha que subrayan el ADN de la Manufactura.

Una innovación técnica destacada es el sistema de pieza deslizante integrado en la caja monobloque, que permite una hermeticidad de hasta 30 metros, una característica excepcional para un reloj con repetición de minutos. La melodía se amplifica gracias a cristales de zafiro de tipo “box” situados a ambos lados de la caja, que protegen el mecanismo mientras exultan la claridad del sonido.




Finalmente, la pieza se presenta en una caja de oro rosa de 46,00 mm y late a una frecuencia de 21,600 alternancias por hora (3 Hz), ofreciendo una reserva de marcha mínima de 60 horas. Como sello de exclusividad, cada calibre incorpora una pequeña platina con las iniciales del maestro relojero que realizó el ensamblaje, funcionando como una firma discreta de su artesanía.
Este reloj no solo es un prodigio de la ingeniería del siglo XXI, sino también un tributo al legado de visionarios como Jean-François Bautte y Constant Girard, manteniendo la sofisticación y la estética atemporal que definen a la marca.